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25
Jul

Bisociación.

La Bisociación es una técnica creativa que consiste en tomar dos matrices distintas para la creación de una tercera muy diferente.

El Acto de la Creación es un libro publicado por Arthur Koestler en 1964. Se trata de un estudio de los procesos del descubrimiento, la invención, la imaginación y la creatividad en el humor, la ciencia y el arte. Delinea el intento de Koestler de desarrollar una teoría general de la creatividad humana.

A partir de la descripción y comparación de diversos ejemplos relativos a la invención y el descubrimiento, Koestler concluye que todos ellos comparten un patrón común al que llama “Bisociación”.

Koestler escribe: “He acuñado el término Bisociación con el objeto de distinguir entre las habilidades tradicionales y rutinarias del pensamiento que se desarrollan en un solo plano y el acto creativo, el cual opera en más de un plano”.

De acuerdo a Koestler la marca del genio es la originalidad y no la perfección. Argumenta que aunque el contexto emocional cambie, los procesos psicológicos que sustentan la generación de resultados originales son finalmente los mismos en el humor, la ciencia y el arte, e involucran la Bisociación de matrices de pensamiento previamente inconexas.

La Bisociación es una encrucijada donde confluyen los que parecen ser campos incompatibles; sin embargo éstos pueden vincularse a través de principios universales como la rima, la analogía, la metáfora, el montaje y la metamorfosis.

El Acto de la Creación, con sus más de 700 páginas, es un libro indispensable para todas las personas relacionadas, directa o indirectamente, con el trabajo creativo.

 Arthur Koestler (Budapest, 5 de septiembre de 1905 – Londres 1º de marzo de 1983) fue un novelista, ensayista, historiador, periodista, activista político y filósofo social húngaro.

17
Jul

Escuchar.

Primero debemos buscar comprender, para luego ser comprendidos.

De todas las habilidades de comunicación que poseemos, escuchar es sin duda la que hace una gran diferencia, sobre todo en nuestro giro de negocio.

Escuchar no es fácil para muchas personas. Por ello es importante trabajar duro para lograrlo y evitar así el repartir opiniones vacías a diestra y siniestra.

En la mayoría de los casos, las personas no escuchan, sólo toman turnos para hablar. Todos estamos más interesados en anunciar nuestros puntos de vista y experiencias que en realmente escuchar y entender a los demás.

Escuchar de manera efectiva.

Existen diferentes maneras de escuchar. Generalmente se clasifican como “niveles de la escucha”. Varios estudiosos han construido diferentes clasificaciones sobre la habilidad de escuchar.

Se debe tener en mente que el escuchar no se limita nada más a las palabras. Muchas veces lo que escuchamos incluye otros sonidos, entonación y sonidos verbales/emocionales. A veces el escuchar involucra notar un silencio o una pausa. El escuchar también incluye, en su sentido más amplio, muchos aspectos no verbales y no audibles como son el lenguaje corporal, las expresiones faciales, elementos culturales y otras reacciones que se dan entre el que habla y el que escucha.

Las diferentes maneras de escuchar.

• Escuchar Pasivamente o No Escuchar: Ruido en el entorno. No te concentras en los sonidos y nada registras. Ignoras al que habla. Esta manera de escuchar te puede causar problemas si lo que el otro te dice es relevante e importante.

• Pretender Escuchar: No te concentras y no recordarás nada porque estás soñando despierto y distraído con otros asuntos, auque ocasionalmente asientas y utilices respuestas de “archivo”: Ajá, Sí, Mmm…

• Escuchar Selectivamente: Escuchas y tomas cierta cantidad de información, pero debido a que tienes un punto de vista muy diferente al que te habla, no permites que nada de lo que se dice influya en tu actitud, nivel de conocimiento  y comprensión.

• Escuchar Equivocadamente: Tienes interés y quizá alguna flexibilidad respecto a las palabras que se dicen y reaccionas a ellas pero, debido a que no estás pensando objetivamente, sólo das tu propia interpretación a lo que escuchas. Tratas de que las palabras encajen con tus propias opiniones o puntos de vista.

Esta manera de escuchar implica grandes riesgos porque si no estás consciente de tus faltas dejarás la discusión con una impresión muy equivocada sobre lo que el otro quiso expresar. Las personas arrogantes como algunos políticos, algunos directores de empresa y algunos creativos-diva que se rodean de séquitos aduladores tienen muy arraigado el hábito de escuchar equivocadamente.

• Escuchar atentamente: Escuchas el contenido pero fallas en recibir todos los sonidos y señales no verbales como son el tono de voz, las expresiones faciales y las propias reacciones del que habla respecto a tus reacciones como escucha.

Esta manera de escuchar está bien cuando el propósito de la comunicación se reduce a transmitir datos o números, pero es inadecuada cuando se requiere valorar sentimientos, motivos y las circunstancias que subyacen detrás de las palabras.

• Escuchar activamente: Escuchas las palabras, la entonación y observas el lenguaje corporal y las expresiones faciales, y proporcionas retroalimentación. Pero esta manera de escuchar carece de involucración emocional de ida y vuelta o empatía. No hay simpatía o identificación con los sentimientos y necesidades emocionales del otro. El escuchar activamente involucra con frecuencia un motivo manipulador o táctico.

• Escuchar empáticamente: Escuchas con completa atención los sonidos y todas las señales relevantes:

– Tono de voz

– Otros aspectos verbales (volumen, falta de aliento, estilo, fluidez, énfasis).

– Expresiones faciales.

– Lenguaje corporal.

– Otros aspectos de la persona que puedan influir en la forma en la que se comunica.

Se trata, de hecho, de poder ver y sentir la situación desde la posición en que se halla nuestro interlocutor.

• Escuchar Conciliatoriamente: Esta manera de escuchar involucra todos los aspectos de la empática pero va más allá, ya que requiere que tengas un verdadero deseo de ayudar y servir a la otra persona. Aquí, satisfacer los intereses del otro es la tarea más importante.

03
Jul

El Proceso Creativo.

En 1926, Graham Wallas, un eminente psicólogo social inglés y cofundador del London School of Economics, escribió “The Art of Thought / The Model of Creativity”. Ahí, Wallas desglosó en cuatro etapas lo que ahora conocemos como el Proceso Creativo.

La obra de Wallas fue publicada trece años antes que “Technique for Producing Ideas” de James Webb y tres décadas antes que “Bisociation, theory of how creativity works” de Arthur Koestler.

Wallas se basó para describir el proceso tanto en sus propias observaciones empíricas como en las consideraciones de inventores famosos y eruditos.

Wallas señala que el Proceso Creativo está integrado por cuatro etapas:

Preparación: Aquí se identifica el problema o necesidad a resolver, y comienza a recabarse toda la información pertinente que pueda ser útil para la solución.

Incubación: Comienzan a generarse posibles soluciones tentativas al problema. Es una fase que en su momento se la consideró inconsciente, aludiendo a que las soluciones propuestas son inaccesibles a la concienca del sujeto. Implica apartarse del problema y liberar a la mente de una búsqueda consciente de la solución.

Iluminación: Aquí es cuando comienzan a emerger las ideas que nos acercan a la solución. Es lo que algunos estudiosos de la materia llaman la experiencia ¡eureka! Es una fase vertiginosa de insights e intuiciones, que conduce a la solución.

Verificación: Es una fase donde impera la lógica; se evalúa la solución y se verifica su adecuación.

Las personas deben convertirse en conocedores de su campo antes de que puedan pensar en ideas en esa área. Las ideas innovadoras parecen venir de un afortunado revoltijo de información con el que ya contamos. Sin embargo, parece ser que aunque cierto nivel de conocimiento es necesario para la creatividad, la innovación creativa no siempre es producto de los pensadores más expertos en una disciplina.

Hay otras personas interesadas en el tema que han agregado etapas al Proceso Creativo; algunos mencionan 5 etapas, otros 6 y algunos proponen hasta 10.

En realidad para entender el funcionamiento de este proceso y poder aplicarlo, las 4 etapas de Wallas son más que suficientes.